Fue el último cine para adultos de Madrid en echar el cierre. El mítico cine Alba, que vivió sus días de gloria en la época del destape, bajó la persiana en 2015 y, aunque todos los pronósticos apuntaban a que se derribaría para construir algo nuevo, se equivocaron. Ahora, reinventado bajo el nombre Sala Equis, se ha convertido en un espacio cultural en el que se combina cine, gastronomía y coctelería.


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To renew or to die

La historia del edificio que ahora ocupa Sala Equis ha estado siempre ligada a la cultura y se remonta a antes incluso de la apertura del primer cine porno de la República por allá los años 70. Antes que una sala para cine adulto, fue la redacción de "El Imparcial", un importante suplemento cultural en el que colaboraron miembros de la generación del 98. Ahora, y tras muchas vidas y vivencias varias, se ofrece al público como un espacio cultural del todo polivalente.

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Fuera de lo convencional

Una socióloga, un abogado, un periodista, una doctora en filosofía y una psicóloga... puede parecer el comienzo de un chiste, pero no lo es, son las mentes pensantes detrás del proyecto Sala Equis. De ellos es también el restaurante "El Imparcial", situado en la misma calle de lo que fue en su día fue un palacio. Pero no es solo un restaurante, al igual que Sala Equis, está muy relacionado con la cultura, por eso en la entrada y primera planta tienen una tienda con ediciones, libros, revistas, etc. Digamos que la amistad es el gran vínculo entre estos cinco socios, pero la cultura es también su punto de unión.

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Huyen de lo convencional. Prueba de ello es lo que uno se encuentra al entrar. Primera sorpresa: han preservado la antigua taquilla en la que se compraban las entradas con su programación original. Así que no te sorprendas si, antes de entrar, alzas la vista y te encuentras con un cartel que recita "El fontanero, su mujer y otras cosas de meter". Y hay más, pero somos de los que pensamos que hay cosas que es mejor descubrir por uno mismo...

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Un espacio polivalente

Tan solo entrar en Sala Equis ya se respira la diversidad y su faceta camaleónica. Nos sorprende un shooting para una reconocida marca de complementos que, encantados con la riqueza y los cuidados detalles del espacio, hacen posar a modelos en cada rincón. Las expectativas en cuanto a su encanto crecen y, al ver los tres espacios de los que consta, uno se da cuenta de que no hay expectativas que valgan. Hemos hecho corto.

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La terraza cuenta con una especie de gradería, bancos, columpios y tumbonas, en la que se encuentra el restaurante en el que se puede comer algo informal mientras se mira alguna de las proyecciones que, de forma inintermitente, se reproducen en la pantalla gigante que preside la sala. Está inspirada en la plaza de un pueblo durante sus fiestas y pretende ser un punto de encuentro, discusión y trabajo para aquellos que compartan la misma pasión que sus ideadores por la cultura. El ambiente berlinés que desprende, con ese cuidado descuidado y ese look que rehuye de la sofisticación le dan una curiosa personalidad.

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Subiendo las escaleras del recinto se encuentra el bar. Terciopelo y luces rojas te trasladan (mentalmente) a otra época, una en la que no se podía separar el hecho de frecuentar un bar con inhalar humo. Es un entorno íntimo y recogido en el que compartir una copa y esa sensación de añejo se potencia al descubrir que tanto el suelo como la barra, de mármol, son de origen. Aquí los detalles lo son todo.

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Por último, la sala de cine con proyecciones. Como no podía ser de otro modo, no es un cine al uso. En vez de butacas, tiene sofás y la sala, toda, al completo, está tapizada en terciopelo rosado. Cada sofá cuenta con su mesa para que puedas disfrutar cómodamente de una caña (o lo que te plazca) mientras disfrutas de una programación mimada al detalle, que repasa desde clásicos del cine de los años 70 a obras más actuales.

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Si las paredes hablaran...

Mucho ha vivido y mucho le queda por vivir al edificio de 1913 que alberga Sala Equis. A ojos de Marie Jennings, la socióloga de Sala Equis, su pasado le da un toque cool y mucha personalidad. Damos fe de ello. El trabajo de restauración y preservación que se ha hecho es importante y, cuando por causas mayores no se ha podido mantener, se ha rendido homenaje a la estructura original. Como en el caso del espacio principal, del que han abierto el techo para que entre luz natural, en el que con los trabajos de insonorización perdieron uno de los elementos decorativos que visten sus paredes, una hornacina, pero, lejos de olvidarse de lo que un día hubo, decidieron replicar sus formas con neones. El trabajo del estudio de interiorismo y arquitectura Plantea junto con los 5 socios de Sala Equis le han regalado a Madrid, y a nosotros, un espacio en el que disfrutar de la cultura con los 5 sentidos.